Luces de colores resbalaban sobre ti,
acariciándote la piel se deslizaban.
Se paseaban por tu pelo y tu vestido,
exaltando en su camino tu esplendor.
Y yo que quise eternas esas horas,
cuando llegó el alba las vi morir.
La razón de haber quedado aquí perdido,
sumergido en el recuerdo de tus ojos y tu voz.